Retrocede un paso para poder dar dos con más impulso.
Olvida el ayer mientras te haces fuerte con él.
Ríe y grita bien fuerte mientras avanzas.
Que nadie pero nadie te diga que aquello es incorrecto,
o inmoral inclusive.
Retrocede dos pasos para poder dar una carrera con impulso,
y tal vez saltar bien alto cuando agarres aquello.
Pero nunca olvides que debes olvidar,
pero que el sentimiento debe quedar,
así como toda cicatriz,
el avance no es sino un constante aprendizaje del cual si no salimos,
su rima es muerte.
Digamos que a veces es necesario inclusive morir para poder alcanzar algo,
pero este no es el lugar,
ni mucho menos tú el motivo.
Retrocede mucho para poder correr
avanzar sin mirar atrás,
correr solo mirando al frente,
como si de carreras se tratasen,
cada paso que indica un arranque,
acompañada de un viento de olvido,
acompañada de una luz sin regreso,
de la mano junto a una paradoja.
Entonces saltas, niegas la existencia de aquello que te quiere matar, haces cualquier cosa, inclusive trampa. Retroceder implica hacer trampa; rodear todo o cambiarlo de raíz.
Queda mucho por hacer y queda mucho por reCORRER.
Lucha más fuerte que cualquiera,
patalea más fuerte que todos,
grita con tal de que tu garganta duela,
siente como mi propia mano me alcanza,
porque no hay sino uno para salvarse
del abismo.
Entonces llega lo peor,
y el sonido de lo increíble retuerce tu mente,
sabes que es un final,
pero el sonido final es algo que darás tú antes de que cualquier cosa quiera acabar contigo:
eres ama de tu voluntad.
Y la VOLUNTAD reclama guerra.
La voluntad reclama aquello perdido,
y correr para ir a combatir,
una vez más,
es una buena manera para finalizar
aquello que soñaste con ímpetu.
Aquello que soñaste,
antes de que un sueño
fuese algo que conocieras.
Anhelo, deseo y complejo,
quedas mirando deshecho el cielo cuando todo sale mal,
pero tu corazón es fuerza cuando siente el viento pasar.
Porque incluso es la naturaleza,
quien empuja
a hacer lo correcto.
Pongamos el corazón en fuego,
y no para un amor interpersonal,
sino que para algo propio,
para que la rima se transforme en verso,
y el verso pase a prosa.
Porque al final la vida no es una oración corta,
sino que una increíble tela de frases sin sentido que jamás terminan.
Que el deseo de la voluntad,
que el amor del espíritu,
que el corazón de la convicción,
nunca te marchiten.
Que el amor que sentiste,
que el espíritu de la lealtad,
que el corazón que otorgaste,
que recuerdes recuperarlos.
Porque aunque no vuelva a existir dignidad en la posesión,
al menos es algo propio,
de lo cual aunque indigno en propiedad,
sigue siendo algo intrísicamente personal,
y al final del día,
el amor de uno con uno,
el amor de la convicción,
el amor del espíritu propio,
es algo que no se debe perder,
una lealtad personal.
Retroceder mil pasos para darte cuenta de ello.
Mientras corres, cansas,
y a veces quieres un respiro,
quizás mirar hacia atrás,
pero si no es capaz de correr contigo,
entonces no vale la pena;
porque el único valor del perdón,
es la capacidad de acción,
de aquel que te perdió.
El metal corre dentro de el corazón de nuestra tierra,
la vida es dura y no perdona,
a aquel que juega en contra de ella.
Entonces quedamos con un par de cosas,
y un par de nada,
sin embargo estoy seguro,
que con mi vista incluso nublada,
siempre existe un mañana,
que si no fuese para mi,
hay más gente que espera.
Porque una vez que me encuentre,
que perdonen a quien
se interponga en mi camino,
e interrumpa mi viaje;
el ser gentil está muerto,
para quienes debe estar muerto;
el ser incoherente está más vivo,
para quienes fueran todos,
y finalmente el ser decidido,
está en alguna parte,
esperando ser encontrado,
que la necesidad de correr,
y lo imperioso que es esto,
a veces me llenan de ganas,
de encontrarme,
para de una vez
dejar de sentirme
vacío.
Porque el sueño de nosotros,
al final del día,
no se trata de tu y yo,
se trata de yo
y mi corazón,
y mi espíritu,
mi ira,
mi desazón y mi despreocupación,
mi flecha y mi lanza,
mi convicción y mi herencia.
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