El sonido, el color. Todo era distinto en la avenida del asfalto, y por decir eso me refiero a todas las que haya visto. El olor a mojado era cálido, el sonido al pisar crujía, el color grisáceo era como rojo. Rojo con negro, rojo con gris.
Y la gente yacía por todas partes -Oh.
Otro meteorito que no era meteorito.
Y ramas, muchas ramas se levantaban de la cosa que esparcía eso que caía. Ramas que eran predecidas de raíces que consumían todo, incluso a gente, animales. Gente que caía en mirada y se dejaba arrastrar. Era fácil salir, apenas llegaban las raíces a tocarte, sentías comodidad, sentías sueño. Sentías que querías ser arrastrado, porque la comodidad era grande. Era salir de un suplicio. Imagino que la mayoría de la gente ha sido arrastrada por el sueño.
Pero a mi me dio miedo. La absurda comodidad me dio miedo y salí.
Siempre soñé con sombras de árboles que me ahogaban. Era una pesadilla. Un horror.
Y vi como aquellas sombras de raíces, aquellas ramas, aquellas cosas que se perfilaban de una forma traumáticamente rápida hacia el cielo.
No importaba si era un segundo piso o un departamento.
O si había fuego.
Todo se apagaba.
Cuando traté de despertar a mamá o papá ninguno me respondió bien. Ambos quisieron dormir.
La escena fue horrible.
Y miro mi reloj, son las tres de la mañana. La electricidad por supuesto que no funciona. Algún 'árbol' habrá pasado a llevar las centrales. No sé. Se supone que hace frío, se supone que estamos en invierno y no hay luces, pero todo está rojo. Húmedo por la lluvia.
Y cálido.
Y llueve otra vez. Llueve fuerte.
Cuando caen esos pseudometeoritos, no sé como llamarlos porque se combinan con el agua, pareciera que te van a aplastar sin embargo explota solo. Explota con el agua que tienen fuera (imagina un espejo, imagina las gotas recorriendo uno) y un charco de agua recorre la acera, los techos de las casas, o de lo que sea. Salen raíces. Imaginate un árbol arriba del techo de una casa. Imagínate que la casa, sin embargo, no se derrumba, sino que se hace uno con la casa.
Y que todo sea de un rojo oscuro.
Y ese rojo oscuro sea incandescente, que nos ilumine.
Bueno, por una parte es cómodo, puedo ver. No hay luz, la luna no existe. Llueve. Llueven cosas, llueve agua. El asfalto mojado, cruje y sale una raíz. Procedo a esquivar.
Lo que me sorprende es mi pasividad. Mi tranquilidad.
No, no.
Mi frialdad.
No he llorado. No he lamentado. La verdad es que no siento nada.
Nada.
Quizás sea por el hecho de haber vivido esto tantas veces, en mis sueños. Ramas amarrándome. Pesadillas con sombras. Con sombras e invierno. Con sombras y soledad.
Y me percato del hecho de que estoy siendo estúpido. Porque sé que esto no es un sueño.
Corro hasta un almacén. Un local. El árbol acá no crece con tanta fuerza, y el color es casi anaranjado. Veo un carro para transportar cosas, y saco víveres. Lo necesario, y algo que sobre. Todo lo que no sea necesario de hacer con tanto esfuerzo; dudo que pueda usar alguna cocina.
Grye, eres la criatura más fría de este mundo.
Lo sé.
Otro meteorito y me apresuro a sacar todo.
Nadie llora.
Nadie se lamenta.
Todo desaparece, las luces amarillas. La lluvia normal parece que se extinguió. Todo es silencio, todo es crujir.
Veo en una esquina opuesta un auto, un árbol nuevo salía de aquel lugar. Arbusto más bien dicho, como a unos cinco metros del auto. Una persona casi arrodillada con los ojos cerrados. La tierra se lo tragaba y acomodaba su cabeza en el árbol como si fuera una almohada. Sentado. Raíces. Raíces. Luego ramas. Luego su cabeza desaparecía.
Miré el auto, no hice nada por él. Bueno, si no pude hacer nada por mis padres, menos por un extraño. Yo rechacé las raíces y creo que por alguna razón, seguramente relacionada, no me buscan nuevamente.
La puerta estaba abierta. Seguramente salió alertado e intentó escapar. O estaba sorprendido.
Miro detenidamente el horizonte y veo muchos arbustos sobre autos... ¿encima? No, más bien rodeando. Como si ahora pusieran raíces sobre la tierra.
Ah.
Veo la mano del tipo, antes de que se enterrase completamente.
Su mano, un celular.
Seguramente estaba preocupado por su familia.
Es lo normal.
Cierro la puerta del auto, por suerte es pequeño. Me doy cuenta que tiene las llaves puestas luego de cerrarlo. ¿Por qué lo habré hecho? Tengo el carro afuera. Abro la maletera y echo las cosas que tengo. Fortuna, tiene una de esas cajas para mantener el calor con unas cuantas cervezas. Saco las cervezas y meto las cosas que se estropean más rápido.
Entro al auto y caigo en la cuenta que nunca he manejado. Pero con mi padre siempre anduve de copiloto. Siempre lo vi manejar. El mecanismo siempre es parecido y el auto es pequeño, así que no tendré problema con los obstáculos. Por suerte es de noche, así que poca gente debe de haber andado por las calles. Acelero, lentamente, en primera. Zig zag.
Decido ir a un lugar alto. Pero antes debo saber donde dejar el auto. Me he dado cuenta de que los árboles solamente crecen de forma fuerte donde hay gente. También crecen con animales, pero de forma muy pequeña, como arbustitos. Podría saber donde hay gente, para buscar donde están las áreas no iluminadas. No por ayudarles sino que por mera curiosidad.
Oops. Esquivo otro auto-árbol.
No soporto el ruido adentro del auto, así que pongo la radio. Espero que alguna emisora haya dejado la música en lista larga. Tengo entendido que incluso algunas emisoras manejan energía interna. El resto es cosa de las antenas. O eso había leído, así que con un poco de esperanza subo el volumen, y miro el número de la emisora. Ah, esta es abu-
-da.
Era una voz humana, como si transmitiera. Pongo atención y subo más el volumen
-Si hay alguien, ayuda.
Por favor
No hay nadie más
No quiero ser la única
Queda lejos. Normalmente cuarenta minutos o una hora, pero sin tráfico supongo que sería notablemente menos.
Habiendome acostumbrado al volante, acelero.
Miro al cielo, y es terrorífico.
Rojo.
Rojo vivo.
Rojo nocturno.
Doblo, y doblo nuevamente. Llego en media hora. Me bajo del auto y escucho otro auto arrastrarse a toda velocidad y pasar de largo, para estrellarse en un pequeño árbol.
Dos personas se bajan, regañando una a la otra, no alcanzo a ver sus rotros.
Y del edificio sale corriendo una persona. Nos mira y llora. Un gato corre detrás de ella.
Oh, mi perro
Lágrimas corren por mi cara.
Son las 4:50 de la madrugada, y aquí si que hace frío.
Saturday, May 30, 2015
Wednesday, May 27, 2015
Ficción
No digas nada
Lo dijo de forma tal, que no lo creía ni él mismo.
Y así fue. No dijo nada...
Lentamente murió.
Lentamente sus ojos apagaron la luz.
Lentamente olvidó todo y viajó a algo que era notablemente peor que la muerte; porque la muerte es un ciclo. De la muerte puedes sacar vida y una lección.
¿Hablemos del odio?
De la muerte de las cosas y lo desamparado que nos sentimos.
Lo dijo de forma tal, que no lo creía ni él mismo.
Y así fue. No dijo nada...
Lentamente murió.
Lentamente sus ojos apagaron la luz.
Lentamente olvidó todo y viajó a algo que era notablemente peor que la muerte; porque la muerte es un ciclo. De la muerte puedes sacar vida y una lección.
¿Hablemos del odio?
De la muerte de las cosas y lo desamparado que nos sentimos.
Wednesday, May 6, 2015
Cazador
Divago.
Nada tiene un sentido.
No hablo de propósitos. No hablo de algo físico. Hablo de...
hablo de incoherencias.
Cuando buscas el sentido de las líneas de tus manos, de tu signo o de tus propósitos en pos de un mundo mejor, ¿para qué?
El mundo no va a cambiar, y si lo hace será mediante las cosas que odias.
Y el destino no existe.
No hay punto final ni meta. No hay dios, no hay infierno. Hay polvo. Hay un conjunto de reacciones químicas, ¿y qué encontramos?
Nada.
Un dictador mató mucha gente y muere aclamado, en ataud de oro, ¿y me hablan de propósitos?
Claramente el karma no es algo que esté presente.
... y si hay un infierno sería hermoso.
Quiero decir, si te vas a un cielo, serías perfecto. No tendría sentido. Una utopía es una distopia; todos se levantan, hacen ejercicio, comen frutas. No hay carne, no hay desafío, no hay ganas. Trabajas, duermes. Te acuestas. No fumas, no bebes. En el fondo dejas de ser tú. En el infierno sufrirías, pero al menos la consciencia de ti mismo existiría. Desearías comer carne, follar, fu
estoy escribiendo puras weás
Nada tiene un sentido.
No hablo de propósitos. No hablo de algo físico. Hablo de...
hablo de incoherencias.
Cuando buscas el sentido de las líneas de tus manos, de tu signo o de tus propósitos en pos de un mundo mejor, ¿para qué?
El mundo no va a cambiar, y si lo hace será mediante las cosas que odias.
Y el destino no existe.
No hay punto final ni meta. No hay dios, no hay infierno. Hay polvo. Hay un conjunto de reacciones químicas, ¿y qué encontramos?
Nada.
Un dictador mató mucha gente y muere aclamado, en ataud de oro, ¿y me hablan de propósitos?
Claramente el karma no es algo que esté presente.
... y si hay un infierno sería hermoso.
Quiero decir, si te vas a un cielo, serías perfecto. No tendría sentido. Una utopía es una distopia; todos se levantan, hacen ejercicio, comen frutas. No hay carne, no hay desafío, no hay ganas. Trabajas, duermes. Te acuestas. No fumas, no bebes. En el fondo dejas de ser tú. En el infierno sufrirías, pero al menos la consciencia de ti mismo existiría. Desearías comer carne, follar, fu
estoy escribiendo puras weás
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