en la puerta del sol
nos vimos en el corazón
y sin mucho uso de razón
supe que eras mi salvación
mi parchecuritas
mi sol a oscuras.
no dudé mucho tiempo en ir tras de ti
porque por alguna razón
sabía que nosotros juntos somos
mi luna bajo el sol
y muchas cosas nos han pasado
sin embargo no me arrepiento
porque si bien el fuego quema
la felicidad nos hace uno
y si todo se distorsiona,
y sí: todo se distorisiona
sin embargo
mi vida te pertenece
y tus abrazos son mi sueño en tierra
la calidez de tu vida
es
mi inmensa alegría
en este mundo tan triste
tus manitos tan cálidas
nuestros cuerpos tan tibios
juntos
hace que todo eso ya
no exista.
Wednesday, September 23, 2015
Monday, June 1, 2015
Ficción (3)
No hace mucho calor por estos lugares, debe ser porque de partida, mucha gente no hay. Mayoritariamente oficinas y unos pocos guardias de seguridad o conserjes. El edificio radial en si, tenía un árbol no menor arriba, y poco a poco las raíces se iban apoderando de las paredes. Sin embargo no era lo suficiente como para inundar todo, aunque tarde o temprano, temía yo, que sucumbiría. Quizás un par de meses.
Habían pasado tres días. Dormí mucho, y todos lo hicimos.
La mayoría de los edificios acá tenían a su personal, convertido, en las azoteas o en las afueras. Supongo que al ser un lugar informativo, fueron los primeros en enterarse. Le habrán dicho algo a los vecinos; los lugares más 'poblados' eran los estacionamientos. Pero no había ningún signo de caos. Extraño.
Al momento de llegar al edificio, el gato olió mis manos, lo acaricié. Me miraba seriamente pero no es como si le molestase, o eso sentía. La niña seguía llorando, y cayó de rodillas, ante lo cual el gato fue hacia ella y así yo también. Le presté mi hombro y lloró. Sentí el asombro de las otras dos personas.
No hablamos mucho.
Se notaba el cansancio.
Tomamos cosas del edificio y las sacamos. Sillones gigantescos, y cosas cómodas.
La más grande de todos nosotros se dirigió a una tienda de ropa de alpinismo, el tipo de tienda que encuentras en barrios altos. Sustrajo muchas cosas y las dejó entre nosotros. No es como que alguien le fuera a recriminar el hecho de que haya roto los vidrios. Sonó una alarma, que apagó a los cinco minutos. Más tarde sabría que su nombre es Liem.
Liem.
Cuando vi a esas personas bajarse del auto, supuse que era hombre. Más tarde me di cuenta que no. Simplemente era alta. Algo robusta, pero de facciones demasiado femeninas. Bonitas.
El otro era hombre, más bajo que yo, pero mucho más robusto, fuerte. Pero su rostro no era intimidador y sonreía constantemente. Como si hubiera probado una droga.
Bueno, no era como que importase.
Y nos acomodamos todos. Usamos sacos de dormir y nos tapamos aun más con ropa, dudo que alguno hubiera pasado frío. La ropa de barrio alto es notablemente distinta.
Bueno, de igual forma, con la comodidad de mi antigua vida, jamás hubiera usado un saco de dormir.
Y en eso, dormí.
O no sé si habré dormido exactamente.
Soñé que no era yo. Me soñé en el cuerpo de otra persona: soñé que estaba en el cuerpo de otra persona durmiendo.
Despertaba y quería prender la luz. Por un momento encendió, para volver a apagar lentamente. La casa goteaba y rápidamente vi como las ramas amarraban mi hogar.
Corría hacia arriba y veía a mis padres sonreir, siendo absorbidos por raíces.
Corrí más arriba y veía a mis hermanos.
El menor lloraba.
Lloraba mucho.
No entendía por qué lloraba.
Si la gente muere.
Y lloraba más.
"-----"
"No quiero vivir así"
Saltó desde la ventana del tercer piso. Usualmente grave, si lo sabes hacer, no fatal.
Sentí cosas crujir cruelmente. Bajé corriendo.
Había algo de sangre en el piso cuando bajé. Mi hermano menor tenía unos doce años.
Doce años.
Pero no estaba. Y realmente no estaba ni su cuerpo. Ni siquiera habían raíces.
Y de su sangre surgen hojas. Hojas negras y rápidamente ramas. No son rojas como la incandescencia que emana de todo el vecindario e incluso de mi mismo hogar.
Son negras.
Envuelven mi mano.
Raíces llegan a mi brazo y entre las hojas, las ramas y las raíces me apretan.
Sentí dolor.
Escucho un murmullo-
...
Y de nuevo estoy en negro.
Salí de ese sueño. Lo sé. Esa otra persona. Conocía ese barrio, pero no sabía dónde era en estos instantes.
Sin embargo sigo soñando.
Pero es como si mi cuerpo físico estuviera dentro de ese sueño. Me puedo mover a voluntad.
Miro mi mano y dentro de lo negro, veo una incandescencia. Sin embargo no es roja. Es... ¿gris?
La miro.
Y sé que estoy en otra parte.
Vaya.
Hay luz. Natural.
Pero acá hay fuego. Fuego, fuego, fuego. Fuego y fuego.
El pasto sin embargo es verde.
Muchas avionetas caen ardiendo. Nacen muchos árboles, y esos mismos árboles que nacen se queman. Pero se queman y sin embargo, no se queman. Las hojas no son negras sino que se hacen más rojas.
Y no entiendo nada.
Se supone que es un combustible.
Y la gente cae.
Tenía alguien de la mano, ese alguien se hundió en el suelo.
Hay un árbol, uno en partícular. Ese uno capta mi atención.
Muchas avionetas como moscas siguen tratando de alcanzarlo. Se queman, caen y generan una corrida de arbustos.
Está despejado y llueve rojo.
El día más hermoso del año, decían los meteorólogos. Una niebla roja. Llueve sobre despejado.
Y el árbol.
Gigante.
Y decir kilómetros en su altitud sería poco.
Y crece, crece, crece.
Fuego, fuego, fuego.
Fuego.
Fuego...
Y me desespero.
No comprendo nada.
Pero quiero que todo desaparezca. En hielo. No en agua. Que todo eso que lo causa, sufra en hielo.
Que el fuego quede para siempre, pero se congele.
No sé como, pero quiero que suceda.
Todo desaparece repetinamente.
Me encuentro de nuevo en el mismo lugar.
Un susurro me dice:
este es tuyo
sin embargo, con ello,
grey,
tu nombre me quedaré
y jamás devolveré
Veo mi mano izquierda y hay dos cosas. Una negra, una gris. Ambas parecieran que iluminasen.
¿Te imaginas algo negro iluminando?
Esto es estúpido.
Veo mi mano derecha y hay algo rojo.
Rojo, pero sin embargo distinto a todos los otros rojos que hubiera visto; este rojo me cantaba y me rugía. Me amaba y me odiaba. Era mi ángel guardián y era mi ejecutor.
Me agradaba, y el hecho de que perdiera mi nombre verdadero realmente no me importaba...
Y con lágrimas en los ojos, ojos de un sueño, miré.
Sentí mi cuerpo caliente.
Iba a explotar. De algo, pero lo haría.
Habían pasado tres días. Dormí mucho, y todos lo hicimos.
La mayoría de los edificios acá tenían a su personal, convertido, en las azoteas o en las afueras. Supongo que al ser un lugar informativo, fueron los primeros en enterarse. Le habrán dicho algo a los vecinos; los lugares más 'poblados' eran los estacionamientos. Pero no había ningún signo de caos. Extraño.
Al momento de llegar al edificio, el gato olió mis manos, lo acaricié. Me miraba seriamente pero no es como si le molestase, o eso sentía. La niña seguía llorando, y cayó de rodillas, ante lo cual el gato fue hacia ella y así yo también. Le presté mi hombro y lloró. Sentí el asombro de las otras dos personas.
No hablamos mucho.
Se notaba el cansancio.
Tomamos cosas del edificio y las sacamos. Sillones gigantescos, y cosas cómodas.
La más grande de todos nosotros se dirigió a una tienda de ropa de alpinismo, el tipo de tienda que encuentras en barrios altos. Sustrajo muchas cosas y las dejó entre nosotros. No es como que alguien le fuera a recriminar el hecho de que haya roto los vidrios. Sonó una alarma, que apagó a los cinco minutos. Más tarde sabría que su nombre es Liem.
Liem.
Cuando vi a esas personas bajarse del auto, supuse que era hombre. Más tarde me di cuenta que no. Simplemente era alta. Algo robusta, pero de facciones demasiado femeninas. Bonitas.
El otro era hombre, más bajo que yo, pero mucho más robusto, fuerte. Pero su rostro no era intimidador y sonreía constantemente. Como si hubiera probado una droga.
Bueno, no era como que importase.
Y nos acomodamos todos. Usamos sacos de dormir y nos tapamos aun más con ropa, dudo que alguno hubiera pasado frío. La ropa de barrio alto es notablemente distinta.
Bueno, de igual forma, con la comodidad de mi antigua vida, jamás hubiera usado un saco de dormir.
Y en eso, dormí.
O no sé si habré dormido exactamente.
Soñé que no era yo. Me soñé en el cuerpo de otra persona: soñé que estaba en el cuerpo de otra persona durmiendo.
Despertaba y quería prender la luz. Por un momento encendió, para volver a apagar lentamente. La casa goteaba y rápidamente vi como las ramas amarraban mi hogar.
Corría hacia arriba y veía a mis padres sonreir, siendo absorbidos por raíces.
Corrí más arriba y veía a mis hermanos.
El menor lloraba.
Lloraba mucho.
No entendía por qué lloraba.
Si la gente muere.
Y lloraba más.
"-----"
"No quiero vivir así"
Saltó desde la ventana del tercer piso. Usualmente grave, si lo sabes hacer, no fatal.
Sentí cosas crujir cruelmente. Bajé corriendo.
Había algo de sangre en el piso cuando bajé. Mi hermano menor tenía unos doce años.
Doce años.
Pero no estaba. Y realmente no estaba ni su cuerpo. Ni siquiera habían raíces.
Y de su sangre surgen hojas. Hojas negras y rápidamente ramas. No son rojas como la incandescencia que emana de todo el vecindario e incluso de mi mismo hogar.
Son negras.
Envuelven mi mano.
Raíces llegan a mi brazo y entre las hojas, las ramas y las raíces me apretan.
Sentí dolor.
Escucho un murmullo-
...
Y de nuevo estoy en negro.
Salí de ese sueño. Lo sé. Esa otra persona. Conocía ese barrio, pero no sabía dónde era en estos instantes.
Sin embargo sigo soñando.
Pero es como si mi cuerpo físico estuviera dentro de ese sueño. Me puedo mover a voluntad.
Miro mi mano y dentro de lo negro, veo una incandescencia. Sin embargo no es roja. Es... ¿gris?
La miro.
Y sé que estoy en otra parte.
Vaya.
Hay luz. Natural.
Pero acá hay fuego. Fuego, fuego, fuego. Fuego y fuego.
El pasto sin embargo es verde.
Muchas avionetas caen ardiendo. Nacen muchos árboles, y esos mismos árboles que nacen se queman. Pero se queman y sin embargo, no se queman. Las hojas no son negras sino que se hacen más rojas.
Y no entiendo nada.
Se supone que es un combustible.
Y la gente cae.
Tenía alguien de la mano, ese alguien se hundió en el suelo.
Hay un árbol, uno en partícular. Ese uno capta mi atención.
Muchas avionetas como moscas siguen tratando de alcanzarlo. Se queman, caen y generan una corrida de arbustos.
Está despejado y llueve rojo.
El día más hermoso del año, decían los meteorólogos. Una niebla roja. Llueve sobre despejado.
Y el árbol.
Gigante.
Y decir kilómetros en su altitud sería poco.
Y crece, crece, crece.
Fuego, fuego, fuego.
Fuego.
Fuego...
Y me desespero.
No comprendo nada.
Pero quiero que todo desaparezca. En hielo. No en agua. Que todo eso que lo causa, sufra en hielo.
Que el fuego quede para siempre, pero se congele.
No sé como, pero quiero que suceda.
Todo desaparece repetinamente.
Me encuentro de nuevo en el mismo lugar.
Un susurro me dice:
este es tuyo
sin embargo, con ello,
grey,
tu nombre me quedaré
y jamás devolveré
Veo mi mano izquierda y hay dos cosas. Una negra, una gris. Ambas parecieran que iluminasen.
¿Te imaginas algo negro iluminando?
Esto es estúpido.
Veo mi mano derecha y hay algo rojo.
Rojo, pero sin embargo distinto a todos los otros rojos que hubiera visto; este rojo me cantaba y me rugía. Me amaba y me odiaba. Era mi ángel guardián y era mi ejecutor.
Me agradaba, y el hecho de que perdiera mi nombre verdadero realmente no me importaba...
Y con lágrimas en los ojos, ojos de un sueño, miré.
Sentí mi cuerpo caliente.
Iba a explotar. De algo, pero lo haría.
Ficción (interludio)
Cuando escucho su voz a lo lejos, siento que me derrito. Siento que caigo a sus pies. Siento que es mi razón, mi alma y mi señor.
Suenan sus pasos agigantados y en la mirada al oscuro y rojo cielo encuentro mis lágrimas. Corro y mi aliento se hace nada.
Y no era su voz.
Era mi esperanza.
Suenan sus pasos agigantados y en la mirada al oscuro y rojo cielo encuentro mis lágrimas. Corro y mi aliento se hace nada.
Y no era su voz.
Era mi esperanza.
Saturday, May 30, 2015
Ficción (2)
El sonido, el color. Todo era distinto en la avenida del asfalto, y por decir eso me refiero a todas las que haya visto. El olor a mojado era cálido, el sonido al pisar crujía, el color grisáceo era como rojo. Rojo con negro, rojo con gris.
Y la gente yacía por todas partes -Oh.
Otro meteorito que no era meteorito.
Y ramas, muchas ramas se levantaban de la cosa que esparcía eso que caía. Ramas que eran predecidas de raíces que consumían todo, incluso a gente, animales. Gente que caía en mirada y se dejaba arrastrar. Era fácil salir, apenas llegaban las raíces a tocarte, sentías comodidad, sentías sueño. Sentías que querías ser arrastrado, porque la comodidad era grande. Era salir de un suplicio. Imagino que la mayoría de la gente ha sido arrastrada por el sueño.
Pero a mi me dio miedo. La absurda comodidad me dio miedo y salí.
Siempre soñé con sombras de árboles que me ahogaban. Era una pesadilla. Un horror.
Y vi como aquellas sombras de raíces, aquellas ramas, aquellas cosas que se perfilaban de una forma traumáticamente rápida hacia el cielo.
No importaba si era un segundo piso o un departamento.
O si había fuego.
Todo se apagaba.
Cuando traté de despertar a mamá o papá ninguno me respondió bien. Ambos quisieron dormir.
La escena fue horrible.
Y miro mi reloj, son las tres de la mañana. La electricidad por supuesto que no funciona. Algún 'árbol' habrá pasado a llevar las centrales. No sé. Se supone que hace frío, se supone que estamos en invierno y no hay luces, pero todo está rojo. Húmedo por la lluvia.
Y cálido.
Y llueve otra vez. Llueve fuerte.
Cuando caen esos pseudometeoritos, no sé como llamarlos porque se combinan con el agua, pareciera que te van a aplastar sin embargo explota solo. Explota con el agua que tienen fuera (imagina un espejo, imagina las gotas recorriendo uno) y un charco de agua recorre la acera, los techos de las casas, o de lo que sea. Salen raíces. Imaginate un árbol arriba del techo de una casa. Imagínate que la casa, sin embargo, no se derrumba, sino que se hace uno con la casa.
Y que todo sea de un rojo oscuro.
Y ese rojo oscuro sea incandescente, que nos ilumine.
Bueno, por una parte es cómodo, puedo ver. No hay luz, la luna no existe. Llueve. Llueven cosas, llueve agua. El asfalto mojado, cruje y sale una raíz. Procedo a esquivar.
Lo que me sorprende es mi pasividad. Mi tranquilidad.
No, no.
Mi frialdad.
No he llorado. No he lamentado. La verdad es que no siento nada.
Nada.
Quizás sea por el hecho de haber vivido esto tantas veces, en mis sueños. Ramas amarrándome. Pesadillas con sombras. Con sombras e invierno. Con sombras y soledad.
Y me percato del hecho de que estoy siendo estúpido. Porque sé que esto no es un sueño.
Corro hasta un almacén. Un local. El árbol acá no crece con tanta fuerza, y el color es casi anaranjado. Veo un carro para transportar cosas, y saco víveres. Lo necesario, y algo que sobre. Todo lo que no sea necesario de hacer con tanto esfuerzo; dudo que pueda usar alguna cocina.
Grye, eres la criatura más fría de este mundo.
Lo sé.
Otro meteorito y me apresuro a sacar todo.
Nadie llora.
Nadie se lamenta.
Todo desaparece, las luces amarillas. La lluvia normal parece que se extinguió. Todo es silencio, todo es crujir.
Veo en una esquina opuesta un auto, un árbol nuevo salía de aquel lugar. Arbusto más bien dicho, como a unos cinco metros del auto. Una persona casi arrodillada con los ojos cerrados. La tierra se lo tragaba y acomodaba su cabeza en el árbol como si fuera una almohada. Sentado. Raíces. Raíces. Luego ramas. Luego su cabeza desaparecía.
Miré el auto, no hice nada por él. Bueno, si no pude hacer nada por mis padres, menos por un extraño. Yo rechacé las raíces y creo que por alguna razón, seguramente relacionada, no me buscan nuevamente.
La puerta estaba abierta. Seguramente salió alertado e intentó escapar. O estaba sorprendido.
Miro detenidamente el horizonte y veo muchos arbustos sobre autos... ¿encima? No, más bien rodeando. Como si ahora pusieran raíces sobre la tierra.
Ah.
Veo la mano del tipo, antes de que se enterrase completamente.
Su mano, un celular.
Seguramente estaba preocupado por su familia.
Es lo normal.
Cierro la puerta del auto, por suerte es pequeño. Me doy cuenta que tiene las llaves puestas luego de cerrarlo. ¿Por qué lo habré hecho? Tengo el carro afuera. Abro la maletera y echo las cosas que tengo. Fortuna, tiene una de esas cajas para mantener el calor con unas cuantas cervezas. Saco las cervezas y meto las cosas que se estropean más rápido.
Entro al auto y caigo en la cuenta que nunca he manejado. Pero con mi padre siempre anduve de copiloto. Siempre lo vi manejar. El mecanismo siempre es parecido y el auto es pequeño, así que no tendré problema con los obstáculos. Por suerte es de noche, así que poca gente debe de haber andado por las calles. Acelero, lentamente, en primera. Zig zag.
Decido ir a un lugar alto. Pero antes debo saber donde dejar el auto. Me he dado cuenta de que los árboles solamente crecen de forma fuerte donde hay gente. También crecen con animales, pero de forma muy pequeña, como arbustitos. Podría saber donde hay gente, para buscar donde están las áreas no iluminadas. No por ayudarles sino que por mera curiosidad.
Oops. Esquivo otro auto-árbol.
No soporto el ruido adentro del auto, así que pongo la radio. Espero que alguna emisora haya dejado la música en lista larga. Tengo entendido que incluso algunas emisoras manejan energía interna. El resto es cosa de las antenas. O eso había leído, así que con un poco de esperanza subo el volumen, y miro el número de la emisora. Ah, esta es abu-
-da.
Era una voz humana, como si transmitiera. Pongo atención y subo más el volumen
-Si hay alguien, ayuda.
Por favor
No hay nadie más
No quiero ser la única
Queda lejos. Normalmente cuarenta minutos o una hora, pero sin tráfico supongo que sería notablemente menos.
Habiendome acostumbrado al volante, acelero.
Miro al cielo, y es terrorífico.
Rojo.
Rojo vivo.
Rojo nocturno.
Doblo, y doblo nuevamente. Llego en media hora. Me bajo del auto y escucho otro auto arrastrarse a toda velocidad y pasar de largo, para estrellarse en un pequeño árbol.
Dos personas se bajan, regañando una a la otra, no alcanzo a ver sus rotros.
Y del edificio sale corriendo una persona. Nos mira y llora. Un gato corre detrás de ella.
Oh, mi perro
Lágrimas corren por mi cara.
Son las 4:50 de la madrugada, y aquí si que hace frío.
Y la gente yacía por todas partes -Oh.
Otro meteorito que no era meteorito.
Y ramas, muchas ramas se levantaban de la cosa que esparcía eso que caía. Ramas que eran predecidas de raíces que consumían todo, incluso a gente, animales. Gente que caía en mirada y se dejaba arrastrar. Era fácil salir, apenas llegaban las raíces a tocarte, sentías comodidad, sentías sueño. Sentías que querías ser arrastrado, porque la comodidad era grande. Era salir de un suplicio. Imagino que la mayoría de la gente ha sido arrastrada por el sueño.
Pero a mi me dio miedo. La absurda comodidad me dio miedo y salí.
Siempre soñé con sombras de árboles que me ahogaban. Era una pesadilla. Un horror.
Y vi como aquellas sombras de raíces, aquellas ramas, aquellas cosas que se perfilaban de una forma traumáticamente rápida hacia el cielo.
No importaba si era un segundo piso o un departamento.
O si había fuego.
Todo se apagaba.
Cuando traté de despertar a mamá o papá ninguno me respondió bien. Ambos quisieron dormir.
La escena fue horrible.
Y miro mi reloj, son las tres de la mañana. La electricidad por supuesto que no funciona. Algún 'árbol' habrá pasado a llevar las centrales. No sé. Se supone que hace frío, se supone que estamos en invierno y no hay luces, pero todo está rojo. Húmedo por la lluvia.
Y cálido.
Y llueve otra vez. Llueve fuerte.
Cuando caen esos pseudometeoritos, no sé como llamarlos porque se combinan con el agua, pareciera que te van a aplastar sin embargo explota solo. Explota con el agua que tienen fuera (imagina un espejo, imagina las gotas recorriendo uno) y un charco de agua recorre la acera, los techos de las casas, o de lo que sea. Salen raíces. Imaginate un árbol arriba del techo de una casa. Imagínate que la casa, sin embargo, no se derrumba, sino que se hace uno con la casa.
Y que todo sea de un rojo oscuro.
Y ese rojo oscuro sea incandescente, que nos ilumine.
Bueno, por una parte es cómodo, puedo ver. No hay luz, la luna no existe. Llueve. Llueven cosas, llueve agua. El asfalto mojado, cruje y sale una raíz. Procedo a esquivar.
Lo que me sorprende es mi pasividad. Mi tranquilidad.
No, no.
Mi frialdad.
No he llorado. No he lamentado. La verdad es que no siento nada.
Nada.
Quizás sea por el hecho de haber vivido esto tantas veces, en mis sueños. Ramas amarrándome. Pesadillas con sombras. Con sombras e invierno. Con sombras y soledad.
Y me percato del hecho de que estoy siendo estúpido. Porque sé que esto no es un sueño.
Corro hasta un almacén. Un local. El árbol acá no crece con tanta fuerza, y el color es casi anaranjado. Veo un carro para transportar cosas, y saco víveres. Lo necesario, y algo que sobre. Todo lo que no sea necesario de hacer con tanto esfuerzo; dudo que pueda usar alguna cocina.
Grye, eres la criatura más fría de este mundo.
Lo sé.
Otro meteorito y me apresuro a sacar todo.
Nadie llora.
Nadie se lamenta.
Todo desaparece, las luces amarillas. La lluvia normal parece que se extinguió. Todo es silencio, todo es crujir.
Veo en una esquina opuesta un auto, un árbol nuevo salía de aquel lugar. Arbusto más bien dicho, como a unos cinco metros del auto. Una persona casi arrodillada con los ojos cerrados. La tierra se lo tragaba y acomodaba su cabeza en el árbol como si fuera una almohada. Sentado. Raíces. Raíces. Luego ramas. Luego su cabeza desaparecía.
Miré el auto, no hice nada por él. Bueno, si no pude hacer nada por mis padres, menos por un extraño. Yo rechacé las raíces y creo que por alguna razón, seguramente relacionada, no me buscan nuevamente.
La puerta estaba abierta. Seguramente salió alertado e intentó escapar. O estaba sorprendido.
Miro detenidamente el horizonte y veo muchos arbustos sobre autos... ¿encima? No, más bien rodeando. Como si ahora pusieran raíces sobre la tierra.
Ah.
Veo la mano del tipo, antes de que se enterrase completamente.
Su mano, un celular.
Seguramente estaba preocupado por su familia.
Es lo normal.
Cierro la puerta del auto, por suerte es pequeño. Me doy cuenta que tiene las llaves puestas luego de cerrarlo. ¿Por qué lo habré hecho? Tengo el carro afuera. Abro la maletera y echo las cosas que tengo. Fortuna, tiene una de esas cajas para mantener el calor con unas cuantas cervezas. Saco las cervezas y meto las cosas que se estropean más rápido.
Entro al auto y caigo en la cuenta que nunca he manejado. Pero con mi padre siempre anduve de copiloto. Siempre lo vi manejar. El mecanismo siempre es parecido y el auto es pequeño, así que no tendré problema con los obstáculos. Por suerte es de noche, así que poca gente debe de haber andado por las calles. Acelero, lentamente, en primera. Zig zag.
Decido ir a un lugar alto. Pero antes debo saber donde dejar el auto. Me he dado cuenta de que los árboles solamente crecen de forma fuerte donde hay gente. También crecen con animales, pero de forma muy pequeña, como arbustitos. Podría saber donde hay gente, para buscar donde están las áreas no iluminadas. No por ayudarles sino que por mera curiosidad.
Oops. Esquivo otro auto-árbol.
No soporto el ruido adentro del auto, así que pongo la radio. Espero que alguna emisora haya dejado la música en lista larga. Tengo entendido que incluso algunas emisoras manejan energía interna. El resto es cosa de las antenas. O eso había leído, así que con un poco de esperanza subo el volumen, y miro el número de la emisora. Ah, esta es abu-
-da.
Era una voz humana, como si transmitiera. Pongo atención y subo más el volumen
-Si hay alguien, ayuda.
Por favor
No hay nadie más
No quiero ser la única
Queda lejos. Normalmente cuarenta minutos o una hora, pero sin tráfico supongo que sería notablemente menos.
Habiendome acostumbrado al volante, acelero.
Miro al cielo, y es terrorífico.
Rojo.
Rojo vivo.
Rojo nocturno.
Doblo, y doblo nuevamente. Llego en media hora. Me bajo del auto y escucho otro auto arrastrarse a toda velocidad y pasar de largo, para estrellarse en un pequeño árbol.
Dos personas se bajan, regañando una a la otra, no alcanzo a ver sus rotros.
Y del edificio sale corriendo una persona. Nos mira y llora. Un gato corre detrás de ella.
Oh, mi perro
Lágrimas corren por mi cara.
Son las 4:50 de la madrugada, y aquí si que hace frío.
Wednesday, May 27, 2015
Ficción
No digas nada
Lo dijo de forma tal, que no lo creía ni él mismo.
Y así fue. No dijo nada...
Lentamente murió.
Lentamente sus ojos apagaron la luz.
Lentamente olvidó todo y viajó a algo que era notablemente peor que la muerte; porque la muerte es un ciclo. De la muerte puedes sacar vida y una lección.
¿Hablemos del odio?
De la muerte de las cosas y lo desamparado que nos sentimos.
Lo dijo de forma tal, que no lo creía ni él mismo.
Y así fue. No dijo nada...
Lentamente murió.
Lentamente sus ojos apagaron la luz.
Lentamente olvidó todo y viajó a algo que era notablemente peor que la muerte; porque la muerte es un ciclo. De la muerte puedes sacar vida y una lección.
¿Hablemos del odio?
De la muerte de las cosas y lo desamparado que nos sentimos.
Wednesday, May 6, 2015
Cazador
Divago.
Nada tiene un sentido.
No hablo de propósitos. No hablo de algo físico. Hablo de...
hablo de incoherencias.
Cuando buscas el sentido de las líneas de tus manos, de tu signo o de tus propósitos en pos de un mundo mejor, ¿para qué?
El mundo no va a cambiar, y si lo hace será mediante las cosas que odias.
Y el destino no existe.
No hay punto final ni meta. No hay dios, no hay infierno. Hay polvo. Hay un conjunto de reacciones químicas, ¿y qué encontramos?
Nada.
Un dictador mató mucha gente y muere aclamado, en ataud de oro, ¿y me hablan de propósitos?
Claramente el karma no es algo que esté presente.
... y si hay un infierno sería hermoso.
Quiero decir, si te vas a un cielo, serías perfecto. No tendría sentido. Una utopía es una distopia; todos se levantan, hacen ejercicio, comen frutas. No hay carne, no hay desafío, no hay ganas. Trabajas, duermes. Te acuestas. No fumas, no bebes. En el fondo dejas de ser tú. En el infierno sufrirías, pero al menos la consciencia de ti mismo existiría. Desearías comer carne, follar, fu
estoy escribiendo puras weás
Nada tiene un sentido.
No hablo de propósitos. No hablo de algo físico. Hablo de...
hablo de incoherencias.
Cuando buscas el sentido de las líneas de tus manos, de tu signo o de tus propósitos en pos de un mundo mejor, ¿para qué?
El mundo no va a cambiar, y si lo hace será mediante las cosas que odias.
Y el destino no existe.
No hay punto final ni meta. No hay dios, no hay infierno. Hay polvo. Hay un conjunto de reacciones químicas, ¿y qué encontramos?
Nada.
Un dictador mató mucha gente y muere aclamado, en ataud de oro, ¿y me hablan de propósitos?
Claramente el karma no es algo que esté presente.
... y si hay un infierno sería hermoso.
Quiero decir, si te vas a un cielo, serías perfecto. No tendría sentido. Una utopía es una distopia; todos se levantan, hacen ejercicio, comen frutas. No hay carne, no hay desafío, no hay ganas. Trabajas, duermes. Te acuestas. No fumas, no bebes. En el fondo dejas de ser tú. En el infierno sufrirías, pero al menos la consciencia de ti mismo existiría. Desearías comer carne, follar, fu
estoy escribiendo puras weás
Monday, April 13, 2015
días
La portada de una vida debiera ir acompañado de las estaciones internas; un sol, una hoja seca, una lágrima y un despertar.
Caminando por una avenida de flores, me encontré con las cosas que serían mis desdichas. Dolores. Penas. Pero cuando encontré el propósito dentro de todo eso, un ánimo de cambio y de alegrías inundó mi persona.
¿Sabías que la felicidad es simple?
¿Te habías dado cuenta que las penas tienen más conceptos complicados?
Eso de sobreanalizar, eso de sobrepensar, eso de hacer cosas de más te hace todo más complejo. E inclusive te agota, te dan ganas de mandarlo todo al carajo; ¿por qué no mejor salir a pasear y disfrutar el respiro que das ante un montón de edificios grises?
Porque al final solo uno importa.
Una tarde acompañada, un té para dos. Una tarde pensando en aquella persona que te hace feliz. Una tarde caminando por lugares que siempre has querido reencontrarte contigo. Una tarde regresando por un paraje que siendo el mismo, siempre será algo distinto: algo nace, algo muere.
Y saturno se aparece en el cielo. No lo ves, pero lo sentimos.
¿O será júpiter?
Quiero que digas algo, pero tus labios cerrados son igual de hermosos. Si dices algo te terminaré robando un beso. Si dices algo terminaré pensando en que eres mi sol, eres mis lágrimas, y eres mi despertar; que juntos pisamos hojas secas: que estamos en dicha estación. Que estamos juntos.
Que eres mi avenida de flores.
Que eres mi dolor, mi pena, mi amor.
¿Sabías que la felicidad es más simple cuando lleva nombre?
¿Has sentido como acelera mi corazón con tan solo tomarte la mano?
Caminando por una avenida de flores, me encontré con las cosas que serían mis desdichas. Dolores. Penas. Pero cuando encontré el propósito dentro de todo eso, un ánimo de cambio y de alegrías inundó mi persona.
¿Sabías que la felicidad es simple?
¿Te habías dado cuenta que las penas tienen más conceptos complicados?
Eso de sobreanalizar, eso de sobrepensar, eso de hacer cosas de más te hace todo más complejo. E inclusive te agota, te dan ganas de mandarlo todo al carajo; ¿por qué no mejor salir a pasear y disfrutar el respiro que das ante un montón de edificios grises?
Porque al final solo uno importa.
Una tarde acompañada, un té para dos. Una tarde pensando en aquella persona que te hace feliz. Una tarde caminando por lugares que siempre has querido reencontrarte contigo. Una tarde regresando por un paraje que siendo el mismo, siempre será algo distinto: algo nace, algo muere.
Y saturno se aparece en el cielo. No lo ves, pero lo sentimos.
¿O será júpiter?
Quiero que digas algo, pero tus labios cerrados son igual de hermosos. Si dices algo te terminaré robando un beso. Si dices algo terminaré pensando en que eres mi sol, eres mis lágrimas, y eres mi despertar; que juntos pisamos hojas secas: que estamos en dicha estación. Que estamos juntos.
Que eres mi avenida de flores.
Que eres mi dolor, mi pena, mi amor.
¿Sabías que la felicidad es más simple cuando lleva nombre?
¿Has sentido como acelera mi corazón con tan solo tomarte la mano?
Wednesday, April 1, 2015
noches de sol
Tan cercana y lejana. Cualquiera que fuese tu mirada, ¡cuál quisieras que fuese aquello que miras!
¿Yo?
¿El anterior?
(Make me young,
make me young)
Y sin embargo creo que arriba lo que miras son letras. Algún libro estúpido, algo que crees que es algo, sin embargo no.
¿Sabes del universo?
Nadie sabe nada.
Solo sabemos que hay cosas, que hay luces, que hay oscuridad. Mientras más sabemos, más perdidos nos encontramos, menos sabemos de que se trata. Un día pueden encontrar un bosque en un planeta, pero, ¿eso lo hace habitable?
Y creo que por primera vez te detesto tanto por asumir cosas de forma tan...
...
Y me cuesta encontrar palabras.
Y me cuesta decirte todo.
Y me cuesta encontrar la desdicha porque ya ha sido tanto que aprendí a sonreir muy bien cuando estoy mal; bajé y mis padres me preguntaron: ¿por qué estás tan feliz?
Y jajaja, si ni mis padres, que han vivido tanto tiempo conmigo, se dan cuenta, ¿tú lo harás?
No.
Y creo que esta es la primera noche que de verdad es noche.
Porque claro, siempre había un poco de luz.
¿Puedes comprender el dolor de otra persona?
¿Puedes comprenderlo?
Es feo tratar de analizar a alguien en base a suposiciones. Digo, una mente curiosa inevitablemente trata de analizar, pero al final del día somos personas, ¿verdad? el hecho de tratar de mentalizar a alguien como si fuera un libro es digno de un sicoanalista, que además de todo, dichas personas pertenecen al campo de la pseudociencia.
Es como decirle a alguien que termina con esa persona porque es un sagitario.
Ridículo.
¿Yo?
¿El anterior?
(Make me young,
make me young)
Y sin embargo creo que arriba lo que miras son letras. Algún libro estúpido, algo que crees que es algo, sin embargo no.
¿Sabes del universo?
Nadie sabe nada.
Solo sabemos que hay cosas, que hay luces, que hay oscuridad. Mientras más sabemos, más perdidos nos encontramos, menos sabemos de que se trata. Un día pueden encontrar un bosque en un planeta, pero, ¿eso lo hace habitable?
Y creo que por primera vez te detesto tanto por asumir cosas de forma tan...
...
Y me cuesta encontrar palabras.
Y me cuesta decirte todo.
Y me cuesta encontrar la desdicha porque ya ha sido tanto que aprendí a sonreir muy bien cuando estoy mal; bajé y mis padres me preguntaron: ¿por qué estás tan feliz?
Y jajaja, si ni mis padres, que han vivido tanto tiempo conmigo, se dan cuenta, ¿tú lo harás?
No.
Y creo que esta es la primera noche que de verdad es noche.
Porque claro, siempre había un poco de luz.
¿Puedes comprender el dolor de otra persona?
¿Puedes comprenderlo?
Es feo tratar de analizar a alguien en base a suposiciones. Digo, una mente curiosa inevitablemente trata de analizar, pero al final del día somos personas, ¿verdad? el hecho de tratar de mentalizar a alguien como si fuera un libro es digno de un sicoanalista, que además de todo, dichas personas pertenecen al campo de la pseudociencia.
Es como decirle a alguien que termina con esa persona porque es un sagitario.
Ridículo.
Sunday, March 8, 2015
Tuesday, February 3, 2015
la alegría es exageradamente grande
y todo lo que te extraño es enorme.
Querer los besos y el calor de la persona que amas de forma tan fuerte se siente tan nuevo para mi, el hecho de dormir y despertar feliz junto a alguien es algo completamente increíble
y la verdad
es que no tengo palabras para terminar de decirte lo feliz que me hace sentir
y todo lo que te extraño es enorme.
Querer los besos y el calor de la persona que amas de forma tan fuerte se siente tan nuevo para mi, el hecho de dormir y despertar feliz junto a alguien es algo completamente increíble
y la verdad
es que no tengo palabras para terminar de decirte lo feliz que me hace sentir
Wednesday, January 21, 2015
luces de verano
Acepta el fuego
acepta la luz
así como aceptaste mis sombras,
debes aceptar el calor.
Calor de la vida,
calor de la piel,
besos desesperados
de una noche que no acaba.
Noche de verano,
sol de luna,
alegría de un corazón.
Amanecer temprano,
atardecer tardío,
noches cortas y sombras de alegría
acepta la luz
así como aceptaste mis sombras,
debes aceptar el calor.
Calor de la vida,
calor de la piel,
besos desesperados
de una noche que no acaba.
Noche de verano,
sol de luna,
alegría de un corazón.
Amanecer temprano,
atardecer tardío,
noches cortas y sombras de alegría
Subscribe to:
Posts (Atom)