Monday, June 1, 2015

Ficción (3)

No hace mucho calor por estos lugares, debe ser porque de partida, mucha gente no hay. Mayoritariamente oficinas y unos pocos guardias de seguridad o conserjes. El edificio radial en si, tenía un árbol no menor arriba, y poco a poco las raíces se iban apoderando de las paredes. Sin embargo no era lo suficiente como para inundar todo, aunque tarde o temprano, temía yo, que sucumbiría. Quizás un par de meses.
Habían pasado tres días. Dormí mucho, y todos lo hicimos.
La mayoría de los edificios acá tenían a su personal, convertido, en las azoteas o en las afueras. Supongo que al ser un lugar informativo, fueron los primeros en enterarse. Le habrán dicho algo a los vecinos; los lugares más 'poblados' eran los estacionamientos. Pero no había ningún signo de caos. Extraño.
Al momento de llegar al edificio, el gato olió mis manos, lo acaricié. Me miraba seriamente pero no es como si le molestase, o eso sentía. La niña seguía llorando, y cayó de rodillas, ante lo cual el gato fue hacia ella y así yo también. Le presté mi hombro y lloró. Sentí el asombro de las otras dos personas.
No hablamos mucho.
Se notaba el cansancio.
Tomamos cosas del edificio y las sacamos. Sillones gigantescos, y cosas cómodas.
La más grande de todos nosotros se dirigió a una tienda de ropa de alpinismo, el tipo de tienda que encuentras en barrios altos. Sustrajo muchas cosas y las dejó entre nosotros. No es como que alguien le fuera a recriminar el hecho de que haya roto los vidrios. Sonó una alarma, que apagó a los cinco minutos. Más tarde sabría que su nombre es Liem.
Liem.
Cuando vi a esas personas bajarse del auto, supuse que era hombre. Más tarde me di cuenta que no. Simplemente era alta. Algo robusta, pero de facciones demasiado femeninas. Bonitas.
El otro era hombre, más bajo que yo, pero mucho más robusto, fuerte. Pero su rostro no era intimidador y sonreía constantemente. Como si hubiera probado una droga.
Bueno, no era como que importase.
Y nos acomodamos todos. Usamos sacos de dormir y nos tapamos aun más con ropa, dudo que alguno hubiera pasado frío. La ropa de barrio alto es notablemente distinta.
Bueno, de igual forma, con la comodidad de mi antigua vida, jamás hubiera usado un saco de dormir.
Y en eso, dormí.
O no sé si habré dormido exactamente.
Soñé que no era yo. Me soñé en el cuerpo de otra persona: soñé que estaba en el cuerpo de otra persona durmiendo.
Despertaba y quería prender la luz. Por un momento encendió, para volver a apagar lentamente. La casa goteaba y rápidamente vi como las ramas amarraban mi hogar.
Corría hacia arriba y veía a mis padres sonreir, siendo absorbidos por raíces.
Corrí más arriba y veía a mis hermanos.
El menor lloraba.
Lloraba mucho.
No entendía por qué lloraba.
Si la gente muere.
Y lloraba más.
"-----"
"No quiero vivir así"
Saltó desde la ventana del tercer piso. Usualmente grave, si lo sabes hacer, no fatal.
Sentí cosas crujir cruelmente. Bajé corriendo.
Había algo de sangre en el piso cuando bajé. Mi hermano menor tenía unos doce años.
Doce años.
Pero no estaba. Y realmente no estaba ni su cuerpo. Ni siquiera habían raíces.
Y de su sangre surgen hojas. Hojas negras y rápidamente ramas. No son rojas como la incandescencia que emana de todo el vecindario e incluso de mi mismo hogar.
Son negras.
Envuelven mi mano.
Raíces llegan a mi brazo y entre las hojas, las ramas y las raíces me apretan.
Sentí dolor.
Escucho un murmullo-
...
Y de nuevo estoy en negro.
Salí de ese sueño. Lo sé. Esa otra persona. Conocía ese barrio, pero no sabía dónde era en estos instantes.
Sin embargo sigo soñando.
Pero es como si mi cuerpo físico estuviera dentro de ese sueño. Me puedo mover a voluntad.
Miro mi mano y dentro de lo negro, veo una incandescencia. Sin embargo no es roja. Es... ¿gris?
La miro.
Y sé que estoy en otra parte.
Vaya.
Hay luz. Natural.
Pero acá hay fuego. Fuego, fuego, fuego. Fuego y fuego.
El pasto sin embargo es verde.
Muchas avionetas caen ardiendo. Nacen muchos árboles, y esos mismos árboles que nacen se queman. Pero se queman y sin embargo, no se queman. Las hojas no son negras sino que se hacen más rojas.
Y no entiendo nada.
Se supone que es un combustible.
Y la gente cae.
Tenía alguien de la mano, ese alguien se hundió en el suelo.
Hay un árbol, uno en partícular. Ese uno capta mi atención.
Muchas avionetas como moscas siguen tratando de alcanzarlo. Se queman, caen y generan una corrida de arbustos.
Está despejado y llueve rojo.
El día más hermoso del año, decían los meteorólogos. Una niebla roja. Llueve sobre despejado.
Y el árbol.
Gigante.
Y decir kilómetros en su altitud sería poco.
Y crece, crece, crece.
Fuego, fuego, fuego.
Fuego.
Fuego...
Y me desespero.
No comprendo nada.
Pero quiero que todo desaparezca. En hielo. No en agua. Que todo eso que lo causa, sufra en hielo.
Que el fuego quede para siempre, pero se congele.
No sé como, pero quiero que suceda.
Todo desaparece repetinamente.
Me encuentro de nuevo en el mismo lugar.
Un susurro me dice:
este es tuyo
sin embargo, con ello,
grey,
tu nombre me quedaré
y jamás devolveré
Veo mi mano izquierda y hay dos cosas. Una negra, una gris. Ambas parecieran que iluminasen.
¿Te imaginas algo negro iluminando?
Esto es estúpido.
Veo mi mano derecha y hay algo rojo.
Rojo, pero sin embargo distinto a todos los otros rojos que hubiera visto; este rojo me cantaba y me rugía. Me amaba y me odiaba. Era mi ángel guardián y era mi ejecutor.
Me agradaba, y el hecho de que perdiera mi nombre verdadero realmente no me importaba...
Y con lágrimas en los ojos, ojos de un sueño, miré.
Sentí mi cuerpo caliente.
Iba a explotar. De algo, pero lo haría.

Ficción (interludio)

Cuando escucho su voz a lo lejos, siento que me derrito. Siento que caigo a sus pies. Siento que es mi razón, mi alma y mi señor.

Suenan sus pasos agigantados y en la mirada al oscuro y rojo cielo encuentro mis lágrimas. Corro y mi aliento se hace nada.

Y no era su voz.
Era mi esperanza.