Cuando escucho su voz a lo lejos, siento que me derrito. Siento que caigo a sus pies. Siento que es mi razón, mi alma y mi señor.
Suenan sus pasos agigantados y en la mirada al oscuro y rojo cielo encuentro mis lágrimas. Corro y mi aliento se hace nada.
Y no era su voz.
Era mi esperanza.
No comments:
Post a Comment