De la aspereza de un desierto eterno,
se escucha el amargo grito de un lamento,
como si fuera un suspiro de un dios violento.
De la soledad del corazón,
nace mi propia insurrección,
que me consume en otro suspiro,
pero esta vez estoy perdido.
Insurrección va de la mano con revolución,
pero de la cabeza al corazón solo cabe dolor,
y del corazón a la cabeza solo hay desazón.
De una vida que soñaste,
de una esperanza que mataste.
La vida no es sino un vaivén de ayer,
esperando ser encontrada hoy,
para soñar con la posibilidad del ser,
en algún otro mañana.
Pero el tiempo avanza,
la esperanza muere,
el tiempo es fugaz y me arranca la verdad,
para convertirla en soledad y en amargura,
de una vida que eternamente apuñala,
de la vida que aun sueña despierta,
porque el corazón dice que el desierto no es eterno,
aun cuando el cuerpo no da más.
¿Hay sentido en correr hasta romperse?
No.
Pero tampoco hay ningún sentido en
dejar de descubrir
lo que nos depara el mañana.
Porque nada tiene sentido,
excepto por el hecho de que el sol siempre amanece,
y que el mundo no espera.
La flecha va hacia adelante,
y todo lo que alguna vez fue consonante,
nos transforma en carentes,
y hasta errantes.
Porque dependiste de un sol,
y atreviste a cruzar un desierto,
con la promesa de un oasis,
y fueron doscientos años,
hasta que dijiste basta,
y atravesaste la barra de la confianza,
porque a través de la vida,
convertiste el cielo en una mentira,
y el desierto entonces se hizo eterno,
porque con el cielo cae la lluvia,
pero sin cielo
jamás lloverá mañana,
ni amanecerá
cuando tus ojos despierten.
No comments:
Post a Comment