Monday, April 10, 2017

Escombros

Cuando la conocí, era una persona radiante.
Cuando la conocí, era la persona más placentera de ver en el mundo.

Se llamaba Lily.
Lily me enseñó muchas cosas en esta estadía. Hacia dónde tenía que ir, a quién tenía que conocer, qué tenía que visitar, qué tenía que hacer. Siempre divertida, de jugarretas. A veces melancólica, y tomaba la luna con sus manos para sonreír con tristeza. Me enseñó que la vida en verdad cuesta; de que la naturaleza tiende a corregirse sola.
Lily me encontró en un paraje. Yo abrí los ojos como si fuera una primera vez. Sin embargo yo sabía que el sol era sin lugar a dudas, el sol. Pero no tenía idea de dónde venía, no tenía un concepto de "yo siento". Solo estaba, existía; ella literalmente me descubrió.
Volví a sorprenderme con todo. A entrenar artes marciales con Lily, leer cosas nuevas que ya había leído. Volví a aprender que pensaba. Ella se autodenominó profesora.
Que palabra más rara.
 Y descubrimos muchos parajes del mundo. Me volvió a mostrar los lápices, los pinceles. Ella denominaba dicha educación como "integral", aunque ella reconocía que no sabía todo lo que podía saber, hacía su mayor esfuerzo. Siempre la miraba atónito, porque mientras creía absolutamente todo lo que me decía, no podía creer que no supiera todo.
Pasó el tiempo, los años, un par, una década.
Me enseñó, solo me enseñó. Me enseñó a mirar las estrellas. A hacer las cosas, a hacerlas mal y a hacerlas bien.
Me confesó que no eramos las únicas personas.
También me confesó que ella tenía un sueño, nunca dijo cual.
Lily.
Me confesó que ella eligió su nombre. Lo vio en un libro, era el nombre de una flor y le gustaba. Era una mujer dulce, o al menos así lo entendí luego de todos esos romances que leí; era un género muy lindo, muchas personas... amigos, todo eso. Pero acá era ella y yo.
Era.
Me mostró muchos lugares. Caminabamos, descubríamos nuevas plantas que ya estaban descubiertas. Habían caminos enormes. Me enseñó a manejar, eso era raro y me costó mucho tiempo; sabía lo que era un automóvil, pero no sabía lo que era manejarlo. Era extraño, pero nos movíamos rapidísimo, después de todo, todo estaba vacío. Intentamos buscar gente pero nos fue imposible. No había nadie. Recorrimos miles de kilómetros y fue una cuestión realmente hermosa. Lugares, triángulos gigantes en el horizonte que terminaban siendo pirámides construídas sobre muchos rectángulos enormes, aunque creo que no se llamaban rectángulos, pero realmente nunca entendí mucho de esas clases, y bueno, Lily tampoco. Le costó mucho enseñarme las figuras, como funcionaban. El libro aquel era de geometría y terminamos riéndonos y con solo la parte básica.
Dentro de todas las cosas que me enseñó, habían ciertas otras que no concordaban. Los libros lo decían incluso. Se supone que tendría que tener padres, aunque hay muchos libros que hablaban de huérfanos, así que supongo que yo soy uno. O lo suponía, no sé.
También, habían cosas raras; las hojas de los árboles eran rojas. Rojísimas. Ella me contó que también lo veía así, pero ella misma creía que era daltónica hasta que en una tienda de herramientas, sacó varias pinturas para ver si realmente era cierta su rareza, como ella le decía, pero no.
Era real.
Eso al menos, era real. El rojo.
Y principalmente había algo que extrañaba. ¿El ruido quizás?
Las noches eran silenciosas, y cada vez se iluminaba más el cielo durante las noches. Al segundo año podía contemplar claramente como era todo. Me enseñó a navegar incluso. Me daba miedo el mar, ver todo el cielo y contemplar como se movia todo.
El mar... lentamente se tornaba rojo. Primero era un dejo, pero a los 6-7 años era completamente rojo. Lily vio ciertas cosas químicas y el agua era exactamente la misma que antes. Solo que roja.
¿Por qué?
Creo que después de tantos años, fue lo primero que realmente me perturbó. No fue una araña gigante o una serpiente enorme. Imagina un océano rojo. Absurdo.
Demente.
Y tenía que haber alguna razón; después de todo tuvimos que llegar a este punto por alguna razón.
-Lily, estoy cansado.
-Ven.
Y dormí, como muchas noches, en su regazo.

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