Saturday, February 16, 2019

historia perdida

Cuando desperté el sol se había esfumado. No era raro, el ambiente era gris, el viento todavía más errático.
Recordé todas las cosas que habían pasado y los sentimientos de desdicha volvieron a amordazar mi corazón.
Tantos errores, tantas penas.
Todos habían desaparecido y me encontraba solo en un paraje del cual solamente podía correr, y seguir. Lo que venía atrás perseguía a todos y no perdonaba a nadie; debía irme lejos, muy lejos.
Eso era lo único que quizás me reconfortaba.
No vería el mismo destino que me imaginaba cuando todo estaba en paz. El paraíso hizo que mis sentidos se oxidaran. Estaba mal afilado, todo me pilló de imprevisto, y cuando miré a mi alrededor, todo ya estaba muerto, marchito, maldito.
Y lloré porque mi misma fortaleza de vivir me hace seguir en esto. Aunque estuviera solo, seguiría peleando. Y recordaría, hablaría todos los días. Contaría día por día para no volverme loco.
Día uno...
Día dos...
Día...
Se supone que actualmente es invierno, sin embargo no llueve. Llueve en verano, como si la lluvia estuviese tibia. En invierno lo único que sientes es frío, a veces nieve. Mientras más me alejo más nieve hay.
Era un encierro en libertad.
Todos los días eran cosa de vivir un poco más. Pasar por una ciudad era especialmente triste, al no haber nadie. Pero estos eran tiempos donde dejaron de existir las cosas domésticas, el plan era lo salvaje. Así lo comprendió el mundo, los vientos, los pocos vivos que quedaban, y que eventualmente repoblarían todo de alguna manera.
Temía yo que fuera el último. Pero alegría me daba que no hubiera más como nosotros, destructores, sin pensar en los demás, egoístas... quizás habían personas que no lo fueran, pero nada consiguieron.
Lo siento por lo pesimista de ello, pero todo esto sucumbió en mi soledad, por algo fue.
Y la pena invade nuevamente.
Y sí, era un mundo caótico, pero tranquilo. Un infierno perfecto donde no moriría automáticamente. Un infierno donde mi voluntad para seguir adelante me hacían de alguna u otra forma sufrirlo mucho más de lo que debería; el pasto seguía siendo verde, pero el olor me dolía.
Todo, todo me dolía.
Los recuerdos, las historias del ayer, las cosas que nunca fui capaz de decir, que eventualmente se transformaron en...
Pero la vida sigue, y debo seguir caminando. Quizás la esperanza inicial se transformó en una costumbre desoladora de ver a alguien vivir, a alguien gentil, a alguien que estuviera dispuesto a abrazarme por última vez en la vida. Pagaría todo lo que me quedase por algo así.
Por lo demás este universo era algo ridículo, arcoíris por doquier. ¡Por doquier!
¿Así se supone que nos castiga el infierno?
¿Hacer odiar las cosas que alguna vez amaste?
Entonces...

Muchas veces me he cuestionado los deseos de seguir, desde ese entonces. Pero aunque tuviese un cuchillo, mi voluntad solo es seguir adelante. Mecánicamente, incluso espiritualmente. Nunca en la vida fui así, excepto ahora.
¿Será que soy el último?
O será que el infierno quiere que vea algo nuevo...
Pero conmigo cae todo lo que alguna vez creímos. Si pensabas que existía un dios, claro que no.
O ese dios es absolutamente malvado.
O bien, tengo un castigo bastante ejemplificador.
Pero solo me queda escupirte en la cara, si alguna vez fueses algo cierto. Si alguna vez te conociera, te diría lo mucho que te detesto, lo mucho que todos hemos sufrido. Lo mucho que te quiero matar.
Es la única razón por la que ando con un arma después de todo.
Un deseo de tonto. Un juramento de tonto.
       Pero que viene desde lo profundo de mi corazón.

En ciertas circunstancias, cuando los ojos me permiten dormir, me doy cuenta de algo. Cada vez mi corazón late más pesado, y es como si la tierra lo sintiese.
Siento que, la tierra misma me está acompañando, y que, aunque todo sea un infierno, sufre, y llora cuando yo no puedo.
Años, años.
¿Por qué nunca hice las cosas bien?
Quizás todo esto se pudo evitar, quizás pude hacer algo más. Pero acá estoy, roto y solo en este mundo donde no hay nadie.
El fuego quema, el hielo quema. Morir mata, ciertamente, pero vivir también nos mata. Nos marchita.
Pero aún así...
Seguimos.
Seguimos con dolor. Seguimos aunque no queramos. Seguimos aunque acabar con la consciencia propia sea algo que deseemos con todo el corazón.
Seguimos aunque todos los días el corazón nos diga que quiere morir, seguimos aunque la cabeza se quede sin planes. Esperanza de tonto, fe de tonto.
Debemos seguir peleando hasta que las lágrimas dejen de correr.
Porque eso es lo que hubieran querido.
Porque eso es lo que hubieran querido...

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