Todo era un error, tus decisiones, tu vida, tu fuerza.
Si las cosas iban a terminar así, la vida era demasiado injusta.
Sin embargo el ser humano es un hijo del error.
Después de todo, nuestros dioses Verdaderos son tres, la muerte, el error y lo desconocido.
Hoy es un desagradable día de uniforme. El calor es horrible y la vista es eternamente borrosa gracias a la cantidad estúpida de asfalto y arena que hay alrededor.
El olor a polvo picante es terrible. Mis ojos lloran y la gente corre. Nos levantamos en un caos terrible; una matanza inexplicable, la gente corre furibunda, gente del mismo uniforme pelea entre ella, gente sin uniforme se abalanza en contra de lo que tenga uniforme. Otros escapan, otros solo lloran y gritan. Ni siquiera estoy seguro de quien es quien ya. Mi cabeza es un mar de dolores increíble.
Mi hombro comienza a sangrar, pero he corrido tanto, que no percibo el dolor. Un ojo también me sangra, y solo atino a usar la pañoleta para cubrirlo de manera más rápida.
No sé a donde voy. Pero sé que quiero escapar de este calvario.
Y solamente corrí. Caminé. Horas y horas. El ruido era más lejano, los autos chocaban menos frecuentemente ahora, la sangre está por todas partes. Saqueos y más saqueos. Yo estoy en un estado tan miserable que nadie se inmuta al mirarme, al parecer me veo sin esperanzas.
Muchas veces vi almacenes saqueados sin víveres ni nada, pero recordé que muchas máquinas tienen compartimientos donde guardan cosas para ellos mismos. Así saqué agua y restos de comida. Nunca albergué en uno, puesto que posiblemente creerían que yo sería el dueño, y me terminarían matando.
Así que simplemente seguí caminando.
Varios días y noches avancé. Llegó un momento donde dejé de ver la ciudad, donde me aparté del camino, y me expuse a los bosques. Ya no confiaba en nadie, la humanidad era un desastre. Toda la gente que quise alguna vez murió de forma estúpida o tratando de salvarme. Quizás alguno sobrevivió, pero se habrá sometido a una vida de mierda, o quizás quiso tomar el mismo camino que el mío. Solo el tiempo me lo haría saber si era lo suficientemente bondadoso.
Pero, es cómico. Todo acaba, todo es fuego, todo es pelea, sin embargo espero bondad de algo que ni siquiera podemos analizar. Así que en un acto de desesperación, deseé con toda mi fuerza y mi odio, un acto de bondad de lo desconocido.
Han pasado un par de semanas después de lo ocurrido. Por suerte es verano, por lo cual encontrando un riachuelo para tener agua fue lo que más me animó. Comía frutas y cosas propias de los sectores más rurales. Aprendí a hacer fuego de mejor manera, y tomé un par de piedras que me facilitaban el asunto. Lo bueno es que un ojo sanó, pero quedó rojo, como si tuviese un derrame. Al menos podía ver.
Sin embargo, mi hombro se veía feo. Muy feo.
Pero no me dolía.
Quizás, me dije calmadamente, estoy muriendo. Estoy agradecido, en todo caso, de poder morir de manera tranquila. Quizá siempre quise una muerte así, alimentando a un árbol o siendo parte de un río. Me considero entonces, muy feliz de poder morir de esta forma, sin una bala y sin ese fuego. Lejos de la música, del asfalto y de las voces de las personas.
Ya iba un mes sin escuchar nada. Encontré una casona cerca, pero habían rastros de autos y mucha, mucha sangre seca en el lugar. Pero ningún cuerpo. Los animales seguían encerrados, y ante la pena enorme que me daba verlos ahí, sin poder siquiera luchar por su alimento, los liberé. La mayoría morirá, pero al menos morirá de manera más libre, sin humanos. Algo eso sí me sorprendió, muchos de estos animales me miraban como si estuvieran agradecidos, y yo sentía que los comprendía.
Quizás me estaba volviendo loco. Loco de remate. Loco de patio.
Así que solamente caminé. Más cerca de las montañas, más lejos de todos. Un par de aves me acompañaron en el camino. Uno era un pájaro negro, negrísimo. Debe haber sido un cuervo, no lo sabía con seguridad, en el colegio nunca me enseñaron de animales.
Otro era un pájaro bien raro. A veces bajaba a comer semillas conmigo, a diferencia del Cuervo que era bastante lejano a pesar de seguirme de tan cerca. No lo quería mucho, porque me recordaba al fuego de la ciudad con su pelaje, pero sí apreciaba la compañía de ellos y de que me avisaran si había algo raro.
En algún punto del camino, perdí cualquier contacto con algún riachuelo. Las casas que veía ahora solo estaban abandonadas. Por suerte aun tenían las cosas que debían tener, como víveres y todo eso. También me enteré de algunas cosas por lo escrito en circulares del sector, notas que hicieron algunos amables humanos en lugares visibles, con letra preciosa e ilegible a la vez, y algún laptop con batería en el sector:
- NADIE sabía que exactamente sucedía, porque no había nadie que diera información certera. Todo era rumorología. Lo cierto es que había mucha gente muerta, y todos los sitios de noticias fueron dejados de actualizar, y los periódicos dejaron de circular.
- Todos los canales gubernamentales estaban cerrados, y nadie recomendaba acercarse a las policías, puesto que cualquier persona cerca recibiría un cálido disparo (oh, humanidad, ¿quién lo hubiera pensado?)
- Lo que sí era cierto, es que había desaparecido un colegio ENTERO. Todos los adolescentes, profesores y funcionarios. Se habían visto hace poco camiones militares en el sector. La gente, harta del secretismo, hizo muchas revueltas y en algún momento todo se salió de control.
- Lo segundo que era cierto, es que las revueltas fueron en todo el mundo, por distintas o similares razones, y llegó un momento donde todas las comunicaciones internacionales se fueron apagando como un dominó.
- Y lo último: hubo un llamado de evacuación, y las personas, abrazando un rayo de esperanza, fueron hacia esos lugares. También se rumorea que muchos fueron llevados en contra de su voluntad.
Cuervo y Fuego, así nombré a las aves en mi cabeza. Fueron a una casa, donde también me quedé. Un par de días me daría el lujo de descansar ahí, en una cama. Además, necesitaba abrigo. El clima se estaba poniendo radicalmente frío, y eso que seguía siendo pleno verano aun. Algo raro pasaba, pero no me importaba tanto el futuro de la humanidad.
Que se acabe toda, me repetía constantemente.
Llegando a esta casa, que era absolutamente normal y común en comparación al resto, me di cuenta que vivía gente joven, por lo cual no fue difícil vestirme. El gusto de la ropa, en cualquier caso, era algo extravagante, así que la tomé con más ganas.
Y después de una cantidad de tiempo que era como ya, ¿más de un mes? me di un baño. Me miré al espejo, y mi herida seguía ahí... pero ahora estaba más rara. No se veía asquerosa, ni se veía sangre. Se veía raro, se veía peligroso.
-"De algo tendré que morir"- fue lo primero que dije en mucho, mucho tiempo.
De noche, actualmente, podía ver las estrellas en su plenitud. Recordaba algunas constelaciones, y por suerte, aun sabía distinguir el norte del sur gracias a esto. Igual no me servía del todo, yo camino para escapar, no para llegar a alguna parte.
Rechazo absolutamente mi humanidad. Es un error todo esto. Sin embargo así son las cosas.
Y de pronto, mirando desde la ventana de esta casa, en el piso de arriba, me doy cuenta de que hay pilares enormes de fuego. Enormes.
Enormes pero lejanos, lejanísimos. Eso los hacía ver más enormes.
Fuego se altera, y me doy cuenta de que su plumaje brilla, y me doy cuenta de que mira con odio al horizonte. Cuervo por primera vez se posa cerca mío, en la veranda de la ventana. Mira preocupado.
Ya me parece natural poder saber lo que al menos ellos sienten.
Sabía que todo era raro. No esperaba saber respuesta alguna.
Y sentí un dolor enorme.
El hombro, el pecho, la mano, mi ojo, que seguía rojo. Todo dolía.
-Humano, dijo Cuervo
-Pequeño humano, dijo Fuego
-Estás muriendo, dijeron ambos.
Yo lo sabía. Cuervo se posó en mi hombro, y Fuego voló por la ventana, me vi suavemente arrastrado por algo, que desconocía, pero sabía que ambos me ayudaban.
Ya asumí que no estaba delirando de vivo. Simplemente estaba fantaseando de muerto.
Sin embargo ambos me decían que no perdiera la esperanza.
¿Será esto lo desconocido?
De pronto solo vi nieve. El brillo de Fuego me cuidaba. Cuervo me señalaba el camino. Yo estaba perdido, así que preferí dejar todo en la naturaleza, en la tierra y en los ojos de ellos. No supe cuanto caminé, ni donde estaba todo. Solamente quería descansar. Solamente quería liberarme de esta rabia que me traía en el corazón.
La nieve trajo tormenta, la tormenta trajo oscuridad. Caminé y caminé. El dolor se hacía insoportable.
Pero seguía caminando. Yo no me iba a detener. NO me iba a detener.
Si esto era producto de mi estupidez, la seguiría hasta el final.
Y acá comenzó todo.
-Humano, dijo Fuego.
-Tú eres un hijo de la vida, un hijo de la poca fortuna. Un hijo de la naturaleza. Yo solo sé vivir, y él solo sabe guiar.
-Tú solo quieres morir debajo de un árbol, tú solo quieres algo simple. Yo había olvidado el deseo de morir, y él había olvidado lo que era guiar. Tus ganas de morir y tu cariño a la tierra en estos tiempos nos hicieron fijarnos en ti.
-Recordar quienes inicialmente eramos.
-Nos entiendes, y eso solamente lo puede hacer una persona simple, lejos y despojada de la humanidad destructora.
-Lejos del error de todos y cerca del error propio.
-Te abrazas a lo desconocido. Eres tan idiota que confías en pájaros que pueden comunicarse contigo, ¿qué de malo tiene tu cabeza?
Y por fin, lejos de la voz usualmente triste de ambos, sentí algo feliz.
-Humano, ¿quieres ser feliz?
-A ninguno de nosotros nos molestaría morir a tu lado.
-A ninguno de nosotros nos molestaría vivir a tu lado.
¿Por qué yo? los miré llorando. No sabía si era por el frío, si era por mis ojos que se cerraban de a poco, o si era porque me sentí feliz también.
Ninguno me respondió directamente.
Pero comprendí que les recordaba a los viejos. A viejos desconocidos para mi, desconocidos ahora para ellos. Solo quedaba el recuerdo del cariño, y fue eso lo que me transmitieron. Emociones puras, amor puro, cariño puro.
Cuervo y Fuego me tocaron el pecho. Sentí solamente alivio y algo raro. Sentí una conexión con la tierra, sentí su dolor, sentí su emoción.
Sentí como podía entender la nieve, la furia de la tormenta, y por sobretodo, la alegría de quienes me acompañaban. Y eso me dio fuerza, más que cualquier otra cosa en la vida.
Yo era incertidumbre.
Pero esa incertidumbre me hizo sentir vivo de nuevo.
Ahora quería hacer algo.
Simplemente porque ahora puedo hacer algo.
"Humano", sentí un murmullo de la tierra.
-Bienvenido.
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