Cuesta imaginar el mundo de forma que la felicidad sea algo universal; digamos que un cristiano puede creer en un 'paraíso', pero... ¿cómo sería un paraíso?
Todos seríamos felices, todos seríamos perfectos. Ahí el problema: ser perfecto es completamente aburrido. Obviamente. Es la pizca de sal lo que le da sabor a la vida, como cuando das un beso y sientes el nerviosismo de la otra persona, sientes el sabor del café con azúcar, aquel que te desagrada mucho pero sin embargo en dicha persona esa imperfección -porque digámoslo: el café amargo es un invento divino en humanidad y perfecto-, se traduce en dulzura y en una imperfección que adoras.
Paraíso para mi es sinónimo de aburrimiento.
Y heme aquí, con la lluvia golpeando mi cara. Muy cursi, pero me rehuso a llorar. El hecho de que me dejases me ha marcado completamente. Y esta es la segunda vez. Vale, no te amo, alguna vez quizás sí, y tal vez todo lo que corría por nosotros cuando estábamos juntos era lujuria y deseo, pero el cariño que sentía por ti era real. Y que me hayas dejado de esa forma me duele exageradamente. Además nunca me amaste, lo sé. Tus ojos lo decían.
De todas maneras, querida, siempre guardaré con cariño los momentos junto a ti. Porque amaba estar contigo, me relajaba, me ponía tonto. Quizás un par de meses más y me enamoraba de ti completamente. Por esa parte me alegro de que hayas hecho eso. Tiendo a sufrir demasiado estando enamorado, y aun cuando suene muy poco masculino, tiendo a entregar demasiado de mi estándolo— aunque a ti te entregué mucho.
Mucho.
Sin embargo, así son las historias. La gente va y viene, nada de lo que hay es definitivo y los cambios a veces traen cosas desagradables. Es cierto que a veces los cambios son buenos, es cierto que a veces los cambios son necesarios... pero el hecho de que la soledad acrecente demasiado con tanto cambio es algo que causa pena.
Quizás, a veces pienso, uno debería cambiar su forma de ver la vida, de sentir, de vivir. Pero soy obstinado, tengo mis ideas, tengo mis ideales. Y quizás sueño mucho con la felicidad en la imperfección cuando tal vez debiese buscar la felicidad en la perfección como la mayoría. Pero veo las caras agotadas de todos, las caras insatisfechas y esa idea abandona mi cabeza.
Prefiero mil veces ser un infeliz con el alma satisfecha.
Y ridículamente, aquí sentado, todavía sueño con ese encuentro casual de las novelas e historias de cuadernos adolescentes, aquellos llenos de clichés donde uno encuentra a su persona destinada en un día de lluvia. Ese es mi deseo, pero mi corazón sabe que no sucederá. Ya no creo en dios, y dios no escucha los deseos de nadie, ni siquiera los deseos de una persona agonizante. Y por cierto, no digo que dios no exista, simplemente no creo en él; si dios existe debe ser una existencia caprichosa y que hace caso omiso de la humanidad que -se supone- fue su hija en creación.
...
Ah...
Han pasado horas y sigo aquí. Supongo que necesitaba este descanso. Enciendo el celular y una amiga que suele escuchar mis problemas me escribe por mensaje que quería verme. No le había contado de este problema a ella, así que me sorprendió su invitación, casi siempre había sido yo el de las invitaciones. Gustoso acepté.
No tenía idea que mi vida iba a cambiar tanto desde ese punto.
La caja de pandora es peligrosa, siempre lo ha sido. Pero también es divertida a decir la verdad.
Dejé mi paraguas en la estación de metro, y procedí a caminar al lugar de encuentro. No era tan lejos y, aunque empapado, llegaría unos diez minutos antes. El cielo estaba anaranjado, era ya bien tarde, pero esta lluvia otoñal fue oxígeno para todo el mundo. O eso me gustaba imaginar. Cuando caminaba me gustaba ver las caras de la gente, imaginar que piensan, apostar por una reacción inesperada. Abrí la caja donde guardaba el tabaco enrolado, aborrecía entonces el hecho de fumar, y encendí uno. Me sentí estúpido cuando se apagó por gotas que se apresuraron a apagarlo. De hecho, creo que nunca me había sentido tan estúpido en la vida.
Así, me aventuré al encuentro. Ahí estaba ella, cinco minutos antes de la hora acordada y yo demorándome cinco minutos más de los diez que iba a adelantar. Era la primera vez que era tan puntual ella.
Y cuando la vi, lo único que pensé fue «demonios, nunca había visto a una mujer tan bella en mi vida», y era cierto. Nunca. Inclusive mi segunda ex novia no le llegaba. Nadia era linda, siempre había sido linda, pero algo en ella me había llamado la atención, es que ahora esa belleza era hipnotizante, cautivadora.
«He he he», rió de forma extraña.
—Tú sabes— prosiguió de forma extraña — ambos tenemos visiones parecidas en cuanto a la perfección. Ahora, si te diera la oportunidad de que cambiaras con el riesgo de ser perfecto, ¿la tomas?
—Ya te he dicho qu—
Me interrumpe con un dedo suyo en mi boca. Me sorprendí demasiado al ver dicha reacción —Hombre, te he visto llorar. Si cambias no es necesario que cambies tu forma de ver las cosas. Siendo como eres tú, ganar más dinero o ganar menos dinero no te haría cambiar como persona, ser más alto o más bajo no te haría cambiar tu visión de mundo. Para mi eres francamente genial.
Suspiró por un momento, respiró de forma profunda—
«Esto es una cita»
Lo recuerdo claramente.
«Somos novios desde ahora»
No comments:
Post a Comment